miércoles, 7 de febrero de 2018

¿Cómo poner en palabras algo que no sabes ni cómo expresarlo?
Un conjunto de sentimientos encontrados que pensaste que no te iban a tocar sentir. 
Una fusión entre enojo, desilusión y algo que te taladra la cabeza repitiendo cada dos segundos; el "te lo dije", de nuestra conciencia. 
¡Qué inconsciente!
Y pensar que yo te creía tan inocente alguna vez. 
Pensé que eras diferente. 
Pensé que había encontrado a alguien que nunca me iba a lastimar. 

Y al final, todos se quejan "no digan que todos los hombres son iguales", "no nos metan a todos en la misma bolsa". 
Pero es como si no puedieran evitarlo. 
Como si fuese algo más fuerte que ellos. 
Les encanta crearnos la ilusión de que todo puede ser lindo, sin heridas. 
Sin embargo, todos en algún momento trastabillean. 
Y no digo que las personas tienen que ser perfectas. 
No nos olvidemos que no lo somos. 
Somos humanos, y todos cometemos errores. 
Pero eso no significa que tengamos el derecho de lastimar a alguien más. 
Más cuando esa otra persona, es la cual significa tanto para vos.

Uno suele olvidarse que la vida no es todo flores y nubes rosas, o cielos azules. 
La vida tiene sus momentos de cielo negro, con nubes grises que se asoman para asustarnos y caer por arriba de nosotros como si fuésemos sólo hormigas. 
Nos obliga a tomar decidiones que pensamos nunca tener que tomar. 
Nos obliga a caer de lleno contra un piso duro, frío. La realidad. 
A veces la realidad nos golpea tan fuerte, que nos deja heridas abiertas.
Heridas que sólo nosotros podemos curar. 
Pero a veces, los golpes no son muy fuertes. Y uno en esos casos, puede llegar a pensar que quizás las cosas no están tan mal. 
De vez en cuando, esas heridas se acumulan. 
Esos golpes siguen siendo minúsuculos, pero cada vez más fáciles de acumular. 

Con el amor pasa lo mismo. 
Al principio es todo fácil, todo lindo, todo dulce. 
Con el tiempo las cosas se complican. 
Uni empieza a confiar más en la persona, a veces con un poco de miedo. 
Llega un momento en el que decimos "bueno, ya está, tengo que confiar totalmente". 
Y a veces llegan los problemas. 
Después de un tiempo nos damos cuenta de que las cosas no son perfectas.
Entendemos que no pensamos todos de la misma manera. 
No a todos les duelen o lastiman las mismas cosas. 
Sin embargo, cuando alguien nos lastima lo único que queremos es que la otra persona entienda que nos lastimó.
Y que no lo vuelva a hacer. 
Solemos decir que todos merecen una segunda oportunidad. 
Después de todo "todos cometemos errores"...
Uno sólo quiere volver a sentirse bien con la persona que eligió estar.

Pero si contáramos todas las pequeñas segundas oportunidades que damos a lo largo de la vida, ¿realemente estamos dando sólo una oportunidad más?
Si termináramos todo, o mandásemos todo a volar, por cada pequeña cosa que nos duele, ¿cómo se sigue con alguien?  
Aunque a veces, esas pequeñas segundas oportunidades que brindamos, son tantas... que terminamos entendiendo que la segunda oportunidad, pasó hace mucho ya.
Algunos nos hacemos esclavos de esas segundas oportunidades.
Algunos se liberan, y deciden avanzar. 
Aunque el dolor sea fuerte, duela el alma, y el corazón se parta en mil pedazos. 
Con el tiempo, uno aprende a dejar en el pasado lo que pertenece ahí. 
Y es libre. 

Libre. 
Qué palabra tan complicada. 
A veces quisiera ser libre. 
A veces no quiero dejar de ser esclava de mis sentimientos.
A veces quisiera que las cosas sean más simples...

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