jueves, 24 de julio de 2025

Después de tantos años.

Me parece increíble que aún después de tantos años, experiencias, amores, desamores, canciones que me destruyen y recomponen, amigues que se apartaron, nuevos amigues, un grupo nuevo de canto, canciones cantadas (y otras en secreto); aún después de todo eso, me cuesta tanto concentrarme en lo bueno que pasé, y no tanto en lo malo. 

Cambiaron tantas cosas en estos años, que si la Mayra del 2022 me viera ahora no lo podría creer. Cambié de trabajo, lo cual pensé que nunca sería posible. Me mudé sola y tengo una gatita hermosa, cariñosa e inteligente que se llama Jazmín. Y me cuesta ponerlo en palabras, no porque no sepa cómo, sino porque cada vez que lo intento empiezo a escribir, y lo borro, y caigo en un loop de pensamientos que simplemente no llevan a nada. 

Hace años que realmente no me siento y le pongo ganas a un posteo. Quizás porque sé que al escribirlo todo lo que pienso se vuelve real. O tal vez sea que simplemente no me da el corazón para escribir y revivir todo lo que pasó. Solía pensar que poner en palabras los pensamientos ayudaba a esclarecer las situaciones, sentimientos, y demás. Pero si escribo y me duele el pecho mientras lo hago, ¿vale la pena?

Me entristece saber que mi manera de pensar sobre la escritura cambió tanto en tan poco tiempo. Sentir que fui perdiendo la capacidad para expresar lo que realmente me pasa con las palabras justas para que las mismas se lleven con ellas ese dolor y negatividad, se siente como si me hubieran arrancado un pedacito de mi alma. 

Me cuesta aceptar que me volví una persona a la que le cuesta expresar con claridad lo que le pasa por la cabeza. Quizás un poco por las experiencias vividas, la gente a la que le confié mis  secretos, mis opiniones, mis sentimientos; gente que no entiende mi manera de sentir, de pensar, de vivir las cosas que suceden. Me duele aceptar que a veces las personas en la que uno confía y cree que puede compartir todos esos pensamientos que salen sin filtro, las que esperas que te escuchen y tengan una palabra de aliento, son aquellas que más te lastiman y terminan creando en uno la idea de que no podemos expresarnos de la manera que mejor nos sale porque es demasiado para ellos. 

Lo peor es que no los culpo. Pero por algún motivo parece que no aprendo de mis errores. Sigo confiando, sigo amando, sigo hablando. No leo entre líneas, pienso que las personas son iguales a mí, y que puedo confiar en todo el mundo. Porque yo sé que no podría ser de otra manera con alguien más. 

Siempre supe que soy "un montón, muy intensa, demasiado" en cuanto abro la boca y dejo que salga mi real yo. Sí, soy intensa, amo un montón, soy demasiado, quizás demás. Si tan solo existiera un botoncito para apagar los sentimientos cuando se vuelven una llama que empieza a quemar todo a su alrededor. 

Y sí, yo sé que amo profundamente, que mis opiniones son fuertes, que se me descontrola el corazón y la mente cuando algo realmente  me interesa. Y todos me dicen que soy una persona "increíble, buena, generosa, amorosa", bla bla bla... y mientras ellos hablan sobre como cualquier persona sería afortunada de tenerme a su lado, no puedo evitar preguntarme, si realmente valgo todo esto y soy así, ¿por qué nadie se queda? ¿por qué nadie aprende a amarme con mis cosas buenas y malas? ¿por qué en el momento en que me empiezo a mostrar como soy sin filtros deciden que no me quieren más? ¿por qué soy yo la que siempre tiene que adaptarse al otro, y a su manera de ser y sentir? 

¿Cómo puedo cambiar la percepción que tengo sobre mí misma si cada vez que empiezo a mostrarme como soy me terminan dando la razón? ¿cómo callo a las voces de mi cabeza que me dicen que nadie nuna va a acpetar cómo soy, con mis fortalezas y debilidades? ¿realmente soy tan difícil de amar...?


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