viernes, 11 de octubre de 2013

Hace tres años todo era tan diferente. 
Hace tres años, estaba preparando todo para mis quince. Estaba tan ocupada con eso, que mis papás ni se dieron cuenata de que ya había empezado a tener problemas y transtornos alimenticios, que estaba muy estresada y todo eso. 
Claro, era fácil culpar a la fecha. "Debe estar nerviosa". 
¿Y ahora? ¿A quién culpamos? No hay nadie a quien culpar. 
Y lo peor es que fui, voy y siempre voy a ser la decepción de la familia, la oveja negra que nunca está bien lo que hace.
Los motivos que me dan para vivir son mínimos. Creo que nunca se tomaron las cosas en serio. Cuando mis papás se dieron cuenta de que yo me cortaba, lloraron el primer día, me observaron y vigilaron toda una semana, me preguntaron día por día tal vez no sé... ¿un mes? Y ahora nada. Mi mamá piensa que es una "fase", porque al perecer es tan común ahora eso, que son fases de los adolescentes. 
No se dan cuenta de lo mal que nos debemos sentir para que lleguemos a ese punto. Además, si es tan "común en nuestros días" algo así, ¿por qué no mirar al problema y decir, "estaría bueno poder solucionarlo"? O al menos hablarlo con alguien que ya haya pasado eso y que le dé consejos, quién sabe. El punto es que lo hacen sonar tan natural que no se dan cuenta de la importancia de eso. ¿Cómo es que alguien puede pasar por alto el hecho de que hay cada vez más gente que se auto-mutila, o que pasa por problemas de comida, comô anorexia o bulimia? 
Creo que lo único bueno que se puede rescatar de esto, es que nuestra generación está tan jodida, que cuando seamos todos mayores, ya vamos a saber qué hacer, y cómo tomarnos estos temas cuando tengan que tratarse en serio, porque parece que esta generación pasó por tantas cosas, que se olvida de otras y prioriza lo que quizás es secundario. 
Tal vez esto me sirva para ser alguien mejor algún día. 
Si es que llego a sobrevivir a todo esto...

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